2017-08-08 SUZDAL

Desayuno, flojo donde los haya, en el hotel y salida a pie hacia el monasterio que está prácticamente enfrente del mismo (del Salvador y San Eufemio) y que, entre otras cosas, tiene un campanero que toca a las horas (un poco pasadas para dejar tiempo a los turistas a llegar y situarse) un pequeño concierto campanero.

Escuchadas las campanas desde el balconcillo de enfrente que permite ver al artista durante su breve actuación, hacemos un pequeño recorrido por los aledaños, con las historias de los intervinientes en la fundación y vista exterior del edificio que fue usado como cárcel en las épocas duras, así como un paseo por la cuidadísima huerta donde se encuentran toda clase de plantas medicinales y alimenticias.

Desde el exterior se contempla una vista un tanto general de otros de los numerosos monasterios que tiene la ciudad, así como del río y la campiña y la propia muralla.

En un aparcamiento próximo nos espera el autobús que nos debe llevar hasta el museo de las casas de madera, pasando primero por otro convento de monjas, llamado de la Intercesión, que tiene un jardín especialmente cuidado.

El museo de las casas de madera es un lugar donde se han erigido una serie de casas, iglesias, molinos, típicos de la región, unos reproducidos y otros trasladados, todos ellos con el denominado común de ser construidos con madera y de los cuales visitamos unos pocos por el interior.

Muy interesante y con construcciones francamente.

De aquí nos dirigimos a pié al Kremlin (fortaleza) de Suzdal que se encuentra en la otra orilla del río, a donde pasamos por un rústico puente que, según cuenta la guía, se destruye cada año con las avenidas y se reconstruye en cuanto pasan estas.

Visitamos la iglesia, con entrada totalmente románica y que tiene una de las puertas de oro del monasterio de la catedral de la Natividad.

Y de la misma, a comer en el restaurante del recinto y breve descanso en el parque del lugar.

Relajante paseo en barquichuelo por el río, con vistas a algunas de las iglesias y campanarios de los monasterios.

Terminada la travesía que resulta agradable y dura casi una hora, vamos poco a poco hacia el hotel, pasando por una zona de mercadillo. Visitamos un monasterio del siglo XIII, llamado de la Deposición del Manto de la Virgen, bastante destartalado, al que se puede subir al campanario, previo abono de 100 rublos, por una bastante cómoda, además de sucia y destartalada, escalera de hormigón.

Llegamos al último monasterio (último en el camino hacia el hotel), el Alexandrov (o algo parecido) también del siglo XIII, donde están celebrando una misa ortodoxa.

Este muy próximo al hotel, a donde llegamos y ya no salimos porque hoy toca cena en el restaurante del propio hotel.

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Una respuesta a 2017-08-08 SUZDAL

  1. fisgar dijo:

    Muy bonito todo!!

    Me gusta

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