2017-08-12 SAN PETERSBURGO

Tras el desayuno, bastante bien por cierto, cogemos el autobús para llegar a lo largo de una larguísima calle hasta el palacio Peterhof con acceso directo al Báltico a través de un canalillo.

La cantidad de gente y chiringuitos en los aledaños dan una idea del desastre de visita que se prepara, además de la inflación que se nota en primer lugar en los precios de los toiletes.

Tras una breve cola, ya en el interior del palacio, nos hacen ponernos unas repelentes babuchas para proteger los suelos de madera.

El recorrido por el interior es bastante inenarrable, con colas de grupos de visitantes que vamos accediendo paulatinamente a sala tras sala, con la correspondiente espera en cada una de ellas y las explicaciones pertinentes. Para los que pasamos de palacios y dorados (aquí hay a manta), un rollete.

Como no se pueden sacar fotos y además no me gusta, nada hasta salir a los jardines, cons sus doradas estatuas y sus chorritos y plantas. Esto ya no está tan mal y la gente, salvo en lugares concretos, está un poco más desparramada.

Traslado hasta el sitio donde vamos a comer que da una primera impresión horrenda, pero que se suaviza al comprobar que hay preparadas en cada mesa una botella de vino blanco y otra de vodka en una cubitera, y una de vino tinto fuera de la cubitera.

Y la comida francamente buena. Y si hay que poner una pega, digamos que los grupos de coros y danzas que amenizan la comida, serían francamente prescindibles. Pero tampoco molestan demasiado.

Tras la comida, otro palacio, esta vez el de Catalina (la Grande), obra del maestro italiano Rastrelli y que se considera la obra más significativa del barroco ruso y que siendo más bonito (para gustos, claro) por fuera que el de la mañana, su interior es más de lo mismo.

En este sí se pueden sacar fotos y aunque parece que hay menos gente, la cola se forma por culpa del Salón de Ámbar que ralentiza la visita y donde están prohibidas las fotos.

Ya en el exterior, nos reunimos para pasear hasta la salida a través del jardín, mucho más modesto que el de Peterhof, para coger de nuevo el autobús y desplazarnos hasta el embarcadero.

Situado en el centro de la ciudad, embarcamos en una especie de gasolino que nos lleva hasta el río Neva y nos da una vuelta hasta donde se encuentra anclado el acorazado Aurora, que fue el que con un cañonazo dio la señal para el asalto al palacio de Invierno el 25 de octubre de 1917, además de poder admirar las fachadas de los singulares edificios del recorrido.

Regreso al hotel y paseo por la avenida Nevskiy, cervecita y algo para acompañar en una terraza del camino, paseo hasta el canal y vuelta al hotel.

Y destacar la velocidad y el ruido con los que motoristas y algunos coches se pasean por estas avenidas repletas de tráfico, semáforos y pasos de peatones. Están locos estos rusos.

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Una respuesta a 2017-08-12 SAN PETERSBURGO

  1. fisgar dijo:

    Muy bonitas las fotos. Los palacios..muy dorados 😋

    Me gusta

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